Fin del suspense, la respuesta es sí, pero no por las razones que podría pensar. Se lo explicamos. Atrapado entre un escritorio improvisado en la mesa de la cocina y una videoconferencia en el ruido del salón, el teletrabajador moderno conoce sus límites. Aunque el teletrabajo ha sido alabado durante mucho tiempo por sus ventajas en términos de libertad y comodidad, también tiene sus inconvenientes: aislamiento, sedentarismo, confusión de estilos de vida. En este contexto, se impone un nuevo hábito: trabajar en espacios flexibles -es decir, terceros lugares, coworking u oficinas compartidas- accesibles por días o semanas.
accesibles por días o a la carta. Pero, ¿son estos lugares simplemente prácticos, o realmente buenos para la salud?
Los beneficios de los espacios flexibles
Cada vez son más los estudios y experimentos de campo que convergen hacia la misma conclusión: sí, trabajar en un espacio flexible es bueno para la salud física, mental y social. Siempre que esté bien pensado, bien elegido e integrado en una organización del trabajo equilibrada.
Un estudio reciente (diciembre de 2024) de Asterès y Think Tank Flex Office revela los efectos positivos del coworking en el bienestar y la productividad de los trabajadores. En particular, existe una correlación con la reducción de las bajas por enfermedad y el estrés. Además, un estudio de la DARES (la agencia estadística francesa) acaba de demostrar que los empleados que teletrabajan disfrutan de mejores condiciones de vida y mejor salud: "Antes de la crisis sanitaria, los teletrabajadores tenían una mayor proporción de empleados con problemas de salud, discapacidades o un alto riesgo de depresión".
Salir de casa, volver a la rutina
El primer beneficio evidente es la vuelta a la separación de espacios. En casa, las fronteras entre el trabajo y la vida personal se difuminan. Tanto más cuanto que, según otro estudio de Taskrabbit, más de un tercio de los franceses se siente apretado en su casa (35%). Esto, a su vez, afecta a su salud mental.
En un espacio de trabajo flexible, se crea un marco, una rutina, un ritmo. Se "va a trabajar" incluso a 10 minutos de casa. Este simple gesto mejora la concentración, reduce la hiperconexión y facilita la desconexión al final de la jornada. En otras palabras: menos estrés difuso y una carga mental más ligera.
Un entorno más sano para el cuerpo
Los espacios de trabajo flexibles modernos invierten en mobiliario ergonómico, sillones adaptados, buena iluminación y, a veces, incluso en puestos de trabajo sit-stand o zonas de relajación. Comparados con una postura improvisada en una silla de comedor, los beneficios son claros: menos dolor de espalda, menos fatiga visual y menos tensión muscular ligada a una mala postura prolongada. Trabajar cómodamente no es un lujo. Es prevención.
Recrear el movimiento
Trabajar desde casa suele significar no dar ningún paso. Pero los espacios de trabajo flexibles reintroducen el movimiento en la jornada laboral: salir, moverse por los espacios de trabajo, alejarse de la pantalla con regularidad. Es más, algunos lugares ofrecen sesiones de deporte, meditación o micro-siestas, todas ellas formas de combatir el sedentarismo y el estrés crónico.
Trabajar en un espacio flexible no es una moda ni una solución reservada a los autónomos urbanos; es una herramienta para mejorar la vida laboral, siempre que se haga una elección estructurada. Reconectar, preservar la postura, mantener una higiene mental sana: el lugar de trabajo se está convirtiendo en una palanca de salud por derecho propio.
¿Y si no bastara con poder trabajar a distancia, sino también con elegir dónde y cómo trabajar para sentirse bien?
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